El libreto no era para nada sencillo: muchas de las palabras eran italianas, lo que me obligaba a introducir un “argentinado” acento a mi inglés, y había demasiadas groserías. Bueno, así era mi personaje, un típico mafioso siciliano, en una nueva aventura; con una banda sonora de lujo; actores reconocidos y de trayectoria, que como yo sufrieron con este complejo libreto, y un gran director, que también escribió el guión, durante más de dos años.
No es de extrañar, pues este personaje me implicó nuevos retos: asumir un acento muy distinto a mi inglés tan refinado; gritar más de la cuenta; introducir groserías, que eran casi como comas a lo largo de mis líneas…, todo esto acompañado de una postura y vestimenta perfectas para la voz que había adoptado. El director celebró mi actuación y sintió orgullo por lo acertado que fue elegirme.
Las primeras escenas fueron muy difíciles. Durante mi intervención se me salía a veces mi acentico de la capital, y por mi culpa repetimos al principio muchas tomas más de la cuenta. Afortunadamente, ya en la mitad de la filmación, mi nuevo acento era ya casi parte de mi naturaleza. El único inconveniente fue en mi casa, con mi esposa, que me decía: “estás hablando muy raro, me siento conversando con Tony Soprano; tampoco me gusta que digas tantas groserías delante de los niños”.
La filmación terminó, y hoy puedo decir que tengo mi voz de nuevo, pero nunca olvidaré mi personaje italoamericano, más por el acento que asumí que por la actuación como tal; ese conjunto (actuación y acentuación) me llenó de orgullo y de excelentes críticas tras el estreno.
Pero tal sensación duró hasta mi reciente viaje a un país latinoamericano. Mientras descansaba en el hotel, cambiando canales en el televisor, me encontré con mi película, justo en uno de mis diálogos, el más agresivo, el que requirió de todo mi profesionalismo y concentración, la escena que más ensayé frente a un espejo, durante días; pero allí, en esa pantalla, ese personaje, que tenía mi rostro, no tenía mi voz.
Sentí una profunda tristeza. Mi esfuerzo había sido en vano. Mi actuación no fue apreciada en su totalidad. La voz que adopté y la propia había sido vulnerada e insultada; en fin, mi labor profesional había sido pisoteada al ver que la voz de mi personaje no era la mía, estaba doblada al español; era el acento de un desconocido, que se había robado mi rostro y el de mi personaje.
Por otro lado, las groserías o las palabras fuertes eran pésimamente traducidas. Cuando en la película yo había dicho: “You motherfucker, I’m gonna fuck your fucking mother”, en el doblaje era: “pendejo, te voy a matar”. No tiene sentido, no se respeta ni siquiera el libreto. Es ridículo. Si el director, el libretista o el guionista decidieron que esa línea (por soez que sea) debía salir de esa forma, se debe respetar, porque esta determina la actitud del personaje y su idiosincrasia. El doblaje y la traducción no permiten que esto se conserve; además, los doblajes utilizan su voz en muchos personajes de distintas películas, lo cual extravía la identidad de un actor.
Yo actúo para un público universal, no sólo para el norteamericano, sobre todo cuando interpreto personajes de otros países. Desde mi experiencia, puedo asegurarles que la mitad de la actuación está en la voz que se adopta: ¿cómo entonces puede alguien atreverse a doblar a Anthony Hopkins, con su personaje Hannibal Lecter; cómo doblar a Val Kilmer, con su personaje de Simon Templar, en El Santo; cómo doblar a Jack Nicholson, en El Resplandor?
Es una cuestión de cultura. Es comprensible que las personas de un país determinado deseen ver las películas en su lengua, pero es necesario entender que los filmes que no se hicieron en su país, sencillamente no se hicieron en su país, por ende no deben ser doblados, porque no es el actor quien está hablando, sino otra persona, que en la mayoría de casos no lo hace con la misma lógica del personaje.
La subtitulación siempre ha sido un buen recurso: el actor conserva su voz, el libretista conserva sus líneas y el espectador disfruta de la completa esencia de un personaje; es cuestión de costumbre y de respeto con los actores, de cualquier país. Por eso no entiendo el porqué afamados canales, en su versión de Latinoamérica, ahora muestran sólo las películas dobladas al español; muchos ni siquiera ofrecen la alternativa del Second Audio Program (SAP), que le permite al televidente seleccionar la opción del audio original, aunque la mayoría de veces esta elección no admite los subtítulos.
Este es un llamado a los amantes del buen cine, para que respeten el gremio de nosotros los actores y exijan que las películas en televisión no estén dobladas, o si lo están, no las vean. Esto debería ser una muestra de respeto y compromiso con los actores que ustedes admiran.
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