Por Sebastian Melmoth
Anoche mientras besaba la muerte, el diablo apareció hablando de lo dulces que nos veíamos los dos. Los ángeles del cielo cayeron y opinaron lo mismo. Mi cama de flores se llenó de aromas fétidos y hermosas arañas, mientras gatos blancos caían del tejado maullando sin cesar. Una música melancólica provenía de no sé dónde, creo que el odio y el amor la traían cuando venían tomados de la mano. El placer y el pecado salieron de un espejismo que el amor dejó a su paso y la soledad llegó no sé con cuantas personas más.
Todos murmuraban entre sí parados alrededor de mi cama, viendo cómo los observaba y cómo la muerte besaba mi cuello. Otros mil rostros desconocidos se veían afuera en la ventana, tratando de romper el vidrio con sus uñas. Me sentía extrañado y un poco asustado. El amor y el odio estaban fascinados por la hermosa escena allí en esa cama de flores; la soledad sintió celos porque ya no era ella quien estaba allí; el pecado y el placer se besaban también; los ángeles rezaban, y el diablo se reía.
Me desperté sudando, casi llorando, y la muerte me dijo: “¿Qué te pasa Amor?”

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