jueves, 4 de agosto de 2011

Una noche extraña


Por Sebastian Melmoth

Anoche mientras besaba la muerte, el diablo apareció hablando de lo dulces que nos veíamos los dos. Los ángeles del cielo cayeron y opinaron lo mismo. Mi cama de flores se llenó de aromas fétidos y hermosas arañas, mientras gatos blancos caían del tejado maullando sin cesar. Una música melancólica provenía de no sé dónde, creo que el odio y el amor la traían cuando venían tomados de la mano. El placer y el pecado salieron de un espejismo que el amor dejó a su paso y la soledad llegó no sé con cuantas personas más.


Todos murmuraban entre sí parados alrededor de mi cama, viendo cómo los observaba y cómo la muerte besaba mi cuello. Otros mil rostros desconocidos se veían afuera en la ventana, tratando de romper el vidrio con sus uñas. Me sentía extrañado y un poco asustado. El amor y el odio estaban fascinados por la hermosa escena allí en esa cama de flores; la soledad sintió celos porque ya no era ella quien estaba allí; el pecado y el placer se besaban también; los ángeles rezaban, y el diablo se reía.

Me desperté sudando, casi llorando, y la muerte me dijo: “¿Qué te pasa Amor?”

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