miércoles, 10 de agosto de 2011

El libro de Dios


Encontré a Dios en un libro que perdí,
ahora busco el libro cual si buscara
a Dios. Si tan sólo yo me acordara
del lugar secreto donde lo escondí,

no estaría rezando como antes,
o al azar tomando libros del anaquel,
que se extiende como torre de babel
hacia donde moran antiguos mendicantes.

Para alcanzar los estantes más lejanos,
donde reposan los libros más arcanos,
escalo muros de tinta y pergamino,
como hormiga en vertical camino.

¿Dónde dejé el libro de Dios, el mago,
lo habré dejado en el lecho del lago,
para ocultar una cruel profecía
o las crónicas oscuras de la parusía?

Dios, el escapista, no dejó su rastro,
pero el viaje me dejó falsas deidades,
brujos, ninfas y otras divinidades
como las parábolas de Zoroastro.

Muy pronto el camino habré perdido,
deshilando bellas silabas paganas,
o mi fe pierda en aquellas páginas,
que ya dudo alguna vez haber leído.

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